75 Años de la Ossodre

El 20 de junio de 1931 la Orquesta Sinfónica del SODRE (OSSODRE) ofrecía su primer concierto público bajo la dirección de Vicente Pablo con un complejo y extenso programa integrado por un Concierto de Johann Sebastian Bach, la Marcha de la música para Turandot de Busoni, La isla de los ceibos de Fabini, Los Preludios de Liszt y la Tercera Sinfonía de Beethoven. El organismo reunía ya entonces a 103 profesores. Era el comienzo de una trayectoria de fundamental importancia para la cultura musical del país. Ha sido el vehículo de más larga vida que ha tenido este país a nivel oficial para imponer el gusto por la música sinfónica.

La Orquesta del SODRE poco a poco logró formar un público discriminativo. Al comienzo de la admirable etapa de Lamberto Baldi la sala solía lucir raleada. Los conciertos costaban precios irrisorios, pero el público no tenía el hábito o la necesidad compulsiva por la música sinfónica.

Cuando comenzaron a llegar con frecuencia los más famosos conductores extranjeros, la audiencia se vio estimulada y comenzaron a volverse frecuentes los grandes llenos y las galerías desbordantes con público joven, receptivo y polémico.

El aporte de Erich Kleiber fue decisivo en muchos aspectos. Enseñó a la Orquesta a trabajar los clásicos con un rigor que buscaba profundizar en el sentido íntimo de una partitura como nadie lo había hecho antes. Impuso a Beethoven con sus inolvidables ciclos de las nueve sinfonías y lo hizo con tal nivel que luego fue muy difícil convencer al oyente con otras batutas. Kleiber apoyó entusiastamente la labor de Baldi y expresó públicamente que sin su trabajo de preparador, nada de lo que él logró habría sido posible. Este espaldarazo fue fundamental para imponer el nombre de Baldi en toda Sud América. Baldi conocía muy bien el ambiente artístico europeo y americano. Tenía plenos poderes para contratar artistas y gracias a su planificación, el Uruguay pudo oír no sólo a las mayores batutas del momento, sino a los propios grandes compositores contemporáneos que llegaban para conducir sus obras.

Luego de Lamberto Baldi, sucedió un período breve sin director permanente, aunque durante una temporada la Orquesta Sinfónica quedó en manos de tres formidables maestros, Albert Wolff, Erich Kleiber y Fritz Busch. Eran tiempos de Guerra Mundial y Uruguay sacó provecho artístico de aquellos grandes huéspedes refugiados en estos pacíficos lugares.

Otro notable director estable de la OSSODRE fue Juan José Castro. Con él llegó la era post-Baldi de realizaciones trascendentes, no sólo sinfónicas, sino también en el campo de la ópera y del ballet. Terminado el corto aunque magnífico período de Castro se contrató a Paul Paray por dos o tres temporadas. Su repertorio fue más tradicionalista que el de los maestros anteriores, pero su sensibilidad interpretativa y su radiante musicalidad resultaron enaltecedoras para ejecutantes y auditorio.

Posteriormente, Lamberto Baldi volvió para reorganizar las filas de la Orquesta. Hizo un llamado a concurso internacional y vinieron músicos sólidos de Europa y de los países limítrofes. Corría el año 1953 y esa fecha fue un hito en la historia del organismo porque allí surgió una nueva OSSODRE destinada a alcanzar el más alto grado de eficacia de toda su trayectoria.

En esa temporada sólo se hicieron nueve conciertos; los músicos estaban concentrados ensayando y puliendo el repertorio. Así se transformó en la mejor Orquesta de Latinoamérica.

Cuando Baldi la dejó encaminada y volvió a alejarse (aunque siguió actuando como artista invitado), los programas comenzaron lentamente a declinar en interés y en audacia; el público al tener menos provocaciones se fue volviendo más conservador, pero todavía le quedaban como diez años más de exigencia en calidad de obras y batutas antes de iniciar su marcha hacia el ocaso.

El incendio que devoró al Estudio Auditorio fue un factor que asestó un duro golpe a los brillos sinfónicos locales. La orquesta se transformó en un huésped del Teatro Solís y en ocasiones tuvo que deambular por otras salas sin un lugar estable para ensayar, sin tener las comodidades de la casa propia. Se vivieron momentos difíciles.

Ese progreso se ha mantenido durante los años del regreso a la democracia y aún dentro de alcances más modestos que en su edad de oro, se ha notado un cierto retorno a la coherencia. Tiene una hermosa tradición a sus espaldas y la esperanza estimulante de volver a contar en un futuro cercano con un teatro moderno y amplio en el que se pueda trabajar al mejor nivel de comodidad y excelencia.

Detalles Técnicos:

Fecha de emisión: 20/6/2006
Código: 2006-07-C
Valor: 16 (pesos uruguayos)
Diseño Gráfico: Elena Maldonado
Tirada: 15000

 

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